domingo, 15 de octubre de 2017

El caballo cabalga de nuevo



Las condiciones de vida del pueblo trabajador bajo el capitalismo favorecen la aparición de todo tipo de problemas psicológicos y relacionales, que en no pocas ocasiones terminan desembocando en alcoholismo y otras adicciones. Y esto en periodos de crecimiento. Durante las crisis económicas (como la que llevamos una década sufriendo), la angustia asociada a la incertidumbre laboral y la desesperación que provoca el paro, disparan el abuso de tóxicos (legales e ilegales). 

Especialmente grave es la situación entre la juventud, sector que sufre de manera más severa las consecuencias de la crisis (tasas de fracaso escolar cercanas al 30%, paro juvenil rondando el 40% y una extrema precariedad entre los afortunados que encuentran empleo). Esta falta de expectativas para desarrollar un proyecto vital propio es el caldo de cultivo idóneo para la generalización del abuso crónico de drogas. Ante esta situación, ya se está detectando un lento pero progresivo aumento del consumo de heroína (en Barcelona ya es la primera causa de muerte entre los 15 y 40 años). 

Este hecho parece incomprensible debido a la estigmatización social de esta droga. No faltan los autodenominados expertos que lo achacan a que las nuevas generaciones no vivieron el drama social de la heroína de los años 80. Pero esta explicación, simplista en extremo, no es suficiente ni aun teniendo en cuenta la inutilidad de las campañas de prevención del tipo “a tope sin drogas”. Los motivos son mucho más profundos y tienen naturaleza política. 

Los 80. Crisis económica, reconversiones industriales. Paro. El mejor caldo de cultivo para las drogodependencias y la degradación social. Pero también para que la juventud se vuelva levantisca (contagiando al resto de la clase trabajadora). Y eso los gerifaltes del capital siempre tratan de evitarlo, al precio que sea. E iniciaron una campaña salvaje contra la juventud. Primero criminalizaron la pobreza, inventándose aquello de la “inseguridad ciudadana” con la colaboración de los medios de comunicación (que para eso son de su propiedad), mostrando especial saña con la juventud al crear el mito de los “niños navajeros”, los “bandoleros urbanos” y las “bandas juveniles” mafiosas. Y cuando el conjunto de la sociedad empezaba poco a poco a hacerse eco de este mensaje prefabricado, inundaron las calles de heroína. De la noche a la mañana, las venas de los barrios obreros se llenaron de veneno, ¡y tuvieron la desvergüenza de culpar a los más marginados y desprotegidos de semejante alarde de organización, planificación e infraestructura internacional!

Los efectos sociales fueron devastadores. La aparición en el ideario colectivo de la figura del “yonki” provocó un shock social. La campaña de criminalización de la pobreza y de la juventud se vio justificada ante el aumento de los índices de criminalidad fruto de la aparición de la heroína, lo que tuvo trágicas consecuencias a todos los niveles. Supuso el inicio de la desconfianza patológica entre vecinos, contribuyendo poderosamente a romper las fuertes redes sociales desarrolladas durante la lucha contra el franquismo, lo que a su vez mermó considerablemente la capacidad de respuesta social y recrudeció las situaciones de exclusión social, aumentando así la delincuencia e iniciándose una perversa espiral de degradación social de los barrios. Y obviamente, cada vez resonaban con más fuerza los rebuznos que pedían mano dura contra los delincuentes como solución.

Y lo consiguieron, terminando por ser más punitivos los códigos penales de la democracia que los de la dictadura. Y, de paso, la crisis económica y sobre todo sus verdaderos responsables pasaban a un segundo plano. Y la industria de la seguridad privada (vigilantes, puertas blindadas, rejas, alarmas, etc.) se convirtió en una de las más boyantes del país. Y lograron así eliminar “excedente poblacional” e inutilizaron a muchos miles más, que además se convirtieron en nueva fuente de beneficios para la patronal al aparecer el nuevo negocio de la desintoxicación (la punta de lanza de la privatización de los servicios sociales, al calor de la cual surgieron las empresas de control social disfrazadas de ong que además de dar dinerito han mantenido vigilada a la pobreza, controlando y sometiendo a los excluidos hasta hoy).

No faltó cierta contestación social, como la lucha de Madres Contra la Droga, que siendo conscientes de quien controlaba realmente los flujos del mercado de la droga se manifestaban una y otra vez frente a las comisarías. 


Pero a pesar de todo, es de recibo reconocer que el plan fue todo un éxito. Aunque hicieron trampa: exportaron el plan de Estados Unidos, donde en las décadas previas experimentaron con cierto éxito el control social a través de la introducción masiva de las drogas entre la juventud contestataria contra la guerra de Vietnam y en los barrios de mayoría afroamericana, que estaban cada vez más politizados.

Fue un genocidio silencioso y perfecto, ya que las víctimas fueron consideradas únicos culpables de su trágico destino. ¡Cuan miserables suenan hoy las palabras de Tierno Galván, llamando a la juventud a “colocarse”! 

Hoy en día, conscientes de la profundidad de la actual crisis económica y el probable aumento de la conflictividad social, pretenden repetir el mismo esquema. Llevan ya un tiempo denigrando a la juventud, intentando crear una falsa imagen al presentar a los jóvenes como una panda de vagos que no quieren estudiar ni trabajar (obviando las políticas privatizadoras, la degradación de la educación pública y la imposibilidad de encontrar un empleo mínimamente digno y estable en estos momentos), viciosos (deformando hasta el surrealismo el fenómeno del “botellón”) y violentos (exagerando hasta el delirio la violencia escolar y el todavía anecdótico fenómeno de las bandas juveniles). Además, con la intención de inocular el miedo a la inseguridad, incluso los telediarios se han convertido en una burda imitación del nefasto y felizmente desaparecido diario “El Caso” (y lo van consiguiendo de nuevo, duplicándose en los últimos años la población reclusa mientras los índices de criminalidad se han mantenido estables, a lo que hay que sumar el último endurecimiento del código penal). 

Considerando que es el momento adecuado, están abriendo el grifo otra vez, llenando lenta pero progresivamente nuestras calles de heroína (que por cierto, en su mayoría procede del ocupado Afganistán, desde el pseudoestado implantado por la OTAN en Kosovo ). O recuperamos la memoria histórica de nuestros barrios y nos organizamos para luchar contra los responsables últimos de esta lacra, o volveremos a ver cómo cárceles y cementerios se llenan con los nuestros. 

Comunicación y feminismos


sábado, 14 de octubre de 2017

"Están recetando speed a niños y niñas"

Iñaki Redín Eslava, biólogo de 53 años, máster en Biotecnología Avanzada por la Universidad Autónoma de Barcelona y, actualmente, profesor en el Instituto de Enseñanza Secundaria Barañain. Padre de tres hijos y dibujante, acaba de publicar Educar sin drogas en la Editorial Katakrak, un ensayo —con ilustraciones propias— sobre adolescencia, alcohol, tabaco, cannabis y Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

 
¿Qué pinta el TDAH en tu libro? 

Mucho. El principio activo de los medicamentos recetados para tratar el TDAH es el metilfenidato. Este compuesto químico también es conocido como MPH: Miles Per Hour, la unidad de medida del velocímetro de los automóviles (speedometer en inglés). Hablamos del speed, la cocaína de los pobres que tanto se consumió en los años 80 y 90, con su ansiedad.

¿Qué quieres decir? 

Están recetando speed a niños y niñas. Al principio era un diagnóstico netamente masculino, pero ahora ya no es así. Hace ocho años, mi hijo mediano estaba pasando una mala época y le diagnosticaron TDAH. Nos pilló por sorpresa pero, al cabo del tiempo, vimos que aquello no iba bien y le sacamos de aquel programa. 

¿Cómo reaccionan las madres y los padres ante el tratamiento?
Tienen miedo y, cuando una persona está asustada, no razona. Como dijo Mark Twain: “Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada”. Ven que la cosa no funciona, pero no saben hasta dónde llega la madriguera del conejo en la que se han metido dándole speed a su hijo. Esa droga te lleva a un sitio al que no quieres ir. Cualquiera que la haya probado lo sabe de sobra. 

No tiene sentido, el speed es una droga que te pone ansioso. 

Efectivamente, no es lógico que un excitante sea lo más adecuado para una persona excitada. Sus defensores hablan del “efecto paradójico” sin que se les caiga la cara de vergüenza. En realidad, lo que hacen con ese niño es romperle el ciclo de vigilia-sueño. El menor pasa a tener un sueño de mala calidad y a estar casi siempre medio dormido o en estado de alerta. Si los padres y madres vieran cómo están sus hijos en el aula, abandonarían el tratamiento. Están en clase, pero no se enteran de nada. Es doblemente dramático porque las pastillas no solo no arreglan nada, sino que acaban provocando la enfermedad. 

¿Cómo es posible? 

Al cabo de un tiempo, esos chicos efectivamente no pueden mantener la atención, disminuye la comprensión lectora... y el trastorno se materializa de verdad. 

¿Esto solo pasa aquí? 

Bueno, estamos ante una moda psiquiátrica. Como en su tiempo lo fueron la dislexia, la paralexia, la dislalia o la discalculia... que afortunadamente no tenían medicamentos asociados como en este caso. En Francia hay una centésima parte de los casos y en los países nórdicos, directamente, no existe. Es cierto que está creciendo en nuestro entorno pero a nivel mundial —en términos relativos— solo estamos por detrás de EE.UU. No es un problema de código genético, como sugieren algunos, sino de código postal. Se está copiando un modelo fracasado como el estadounidense —el que instala detectores de metal y personal armado en las puertas de los centros— porque es más económico. Drogar es más barato que educar.

Un niño movido es sospechoso... 

Siempre ha habido niñas y niños movidos. A principios del siglo pasado, a los recién nacidos que lloraban les recetaban cuatro gotas de opio, en los años 20 era el Jarabe de Heroína Bayer. Ahora se están dando anfetaminas cuando todavía hay procesos judiciales en marcha contra médicos, psicólogos y psiquiatras por recetárselas a mujeres en los años ochenta para cuidar la dieta. 

De acuerdo, pero hay jóvenes que realmente tienen TDAH. 

No se puede tener lo que no existe. Cuando el consejero de Educación José Iribas activó el protocolo de derivación hace diez años, había uno o dos niños por instituto. Ahora hay uno o dos en cada aula. Es una enfermedad sin base fisiológica: hay muchos chavales diferentes y con problemas, pero eso no quiere decir que tengan TDAH. Ellos sufren mucho. Gorditos, flacos, inmaduros, los que han crecido en exceso, los gafotas... todos están juntos en la misma clase por fecha de fabricación —como los yogures— aunque su proceso de maduración sea diferente. Y luego están los que necesitan más atención que los demás o los que buscan su lugar en el mundo de manera más activa que el resto. El porcentaje de TDAH entre los nacidos en diciembre —los más pequeños de la clase— es altísimo. Hay que tener en cuenta que se empieza a diagnosticar a los cuatro años (en Navarra hay diagnosticados 14 casos de esa edad). Algunos llevan ocho años con pastillas. 

¿Qué ha desencadenado esta medicalización? 

Antes de 2007 los diagnósticos eran residuales. El TDAH es hijo de los recortes. Se ha subido la ratio de 25 a 35 alumnos por aula, han aumentado las horas de docencia, se han bajado los sueldos. En una clase de ese tamaño y con cuatro o cinco niños movidos, la enseñanza se hace difícil. ¿Solución? Fármacos. Ahora bien, el TDAH es prácticamente inexistente entre familias humildes o de inmigrantes... porque se ve normal que la vida les vaya peor. La última cifra publicada en Navarra en 2014 habla de 4.800 niños afectados. ¿Te imaginas ese número de personas con esguince de tobillo? Se estarían arreglando todas las aceras.

¿Es pues un fenómeno de clases medias? 

En un principio sí, aunque ahora nadie se libra del diagnóstico. Todos estos chicos y chicas van a rendir muy por debajo de sus capacidades. Siempre te queda la duda de hasta dónde habrían llegado si no los hubieran atiborrado con psicoestimulantes y les hubieran dejado madurar. 

Pero, ¿existe el TDAH en todos los modelos educativos, independientemente de la renta media de las familias en cada escuela o ikastola? 

Sí, pero lo importante es cómo se aborda el conflicto en cada caso. La enseñanza privada o concertada —en euskera o castellano— presume de recursos y dotaciones, pero la verdad es que, en los centros más elitistas, cuando tienen este tipo de problemas, invitan a los alumnos a irse a la red pública. Cosa que, por cierto, ocurre casi siempre. 

¿Qué habría que hacer? 

Necesitamos docentes, pero nos dan pastillas. Faltan recursos. Hay que hacer desdobles y atender la diversidad. Antes, los alumnos con más dificultades iban a una diversificación curricular que les permitía titularse y ahora la tendencia es no hacer nada con ellos. El espíritu de la LOMCE es no gastar dinero en las personas que tienen distintas capacidades. Es lo que se cuenta en la película distópica Gattaca: los mejores recursos solo están disponibles para los más aptos. Y el control de todo el proceso, en manos privadas.

¿Por qué? 

Los test se realizan en entidades públicas y privadas, pero algunas de estas últimas lo hacen con especial interés. Son las que, en épocas no muy lejanas, trataban la homosexualidad como una enfermedad. El TDAH es un negocio monumental.

¿Cuál es el procedimiento? 

Hay que rellenar un cuestionario de 18 preguntas (Snap-IV) que no tiene ninguna base científica y que en muchos países ni siquiera está reconocido. Si alguien sospecha de un niño o niña —en la familia o en la escuela— y le acaban haciendo la prueba, no tiene escapatoria. Primero lo derivan a neuropediatría para ver si tiene una meningitis mal curada o un tumor, y luego a salud mental para analizar si existe algún trastorno; y, si ambos análisis son negativos, la solución es... el tratamiento. En realidad, no existe ninguna prueba diagnóstica cerebral gráfica que diferencie entre un cerebro sano y un cerebro con TDAH. Sin embargo, sí que hay evidencia científica de las diferencias entre un cerebro tratado con speed y otro sin tratar. A los docentes no nos hace falta ninguna prueba para saber qué niño o niña está en tratamiento. Nos basta con observarlos durante una hora. 

¿Qué habría que hacer? 
 
Lo primero, cortar el grifo: no más diagnósticos de TDAH en Navarra. Luego haría falta un posicionamiento público del Colegio de Médicos y del Colegio de Psicología, que —en privado— reconocen, al menos, el sobrediagnóstico actual. La Consejería de Salud tendría que hacer una reevaluación de todos los diagnósticos realizados hasta la fecha. Los casos positivos tendrían que derivarse a adaptaciones curriculares que permitan titularse a los alumnos. Por cierto, el Gobierno del cambio no ha hecho nada al respecto. Les escribí a principio de legislatura y me contestaron eso de que: “Estamos trabajando en ello porque es un tema complejo”. Hasta hoy. 

viernes, 13 de octubre de 2017

La Otra Memoria Histórica. Viva la Escuela Moderna

El 13 de octubre de 1909 la España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, asesinó a Francisco Ferrer i Guardia. Pero las balas sólo mataron al hombre, su obra es eterna.

 

miércoles, 4 de octubre de 2017

A mis vecinos fachas

Esto va dirigido a toda esa gente de bien que ha engalanado sus ventanas y balcones con la rojigualda, sin que haya fútbol. Aunque algunos aprovechasteis el mundial para sacarla sin miedo y ya no quitarla, pillines.

No os engañéis a vosotros mismos, no defendéis a los españoles, porque nunca os hemos visto defender otra cosa que la patria. O eso que entendéis por "patria": toros, fútbol e Iglesia (que no religión, representáis todo lo opuesto al mensaje de los Evangelios).

Ya asomásteis la patita con lo de la familia y el aborto, los refugiados, y con lo de "ayudas sociales para los españoles". Sólo participáis de la res pública (no hace falta hablar como escribe Ussía para ser culto, idiotas) para pedir que se le quiten derechos a los demás, para ir a misa y para votar al PP (ahora ya os podéis creer plurales, ya tenéis más opciones), nunca en busca de un bien colectivo (lo de la pegatina de Cruz Roja en la solapa que se acabe ya, por dios).

Lo del "maricón de la tele" os parece gracioso, pero sois profundamente homófobos, porque una cosa es la libertad y otra el libertinaje, que esto ya parece Sodoma y Gomorra. Criticáis a las mujeres "descocadas" que visten "provocativamente" pero lo de "irse de putas" está en la base de vuestro acervo cultural. Criticáis la coacción que sufren los hombres por la ley contra la violencia de género, pero empatizáis antes con el agresor que con la víctima, soltando falacias sobre supuestas denuncias falsas que os han contando en Okdiario. 

Tenéis todo el día en la boca a las Fuerzas y Cuerpos de Serguridad del Estado, pero los agentes os importan lo mismo que los españoles, una mierda. Porque nunca se os ha visto apoyando la democratización de la Guardia Civil como pide la AUGC, ni se os oye hablar por los bares de la equiparación salarial entre los distintos cuerpos  (estos días sí, para criticar a los mossos, aunque cuando abrían cabezas en las huelgas estudiantiles no os parecían tan malos).

También tenéis todo el día en la boca el orden público y el necesario cumplimiento de la ley para garantizar el funcionamiento del Estado de Derecho, pero votáis a delincuentes una y otra vez, orgullosos de hacerlo.

Y ahora tenéis la excusa de Catalunya. Habláis de convivencia y aplaudís con entusiasmo el guerracivilismo del gobierno y la brutalidad policial. Con el discurso de Felipe alguno hasta se habrá cuadrado frente a la televisión. No queréis que Catalunya se vaya pero la estáis echando.

Os creeis librepensadores, pero únicamente tratáis torpemente de repetir el argumentario de La Razón e Intereconomía (saberse la lista de los reyes godos no es sinónimo de cultura ni de inteligencia, mentecatos). Os creéis valientes pero no sois más que siervos temerosos del amo, chivatos y esquiroles.

Individualmente no sois nada, pero como minoría ruidosa sí tenéis peligro. Sin duda entre vosotros hay buena gente, sensible y solidaria. Pero como colectivo vuestra bandera no es la rojigualda, es la mezquindad. El problema es que ante la falta de alternativa, podéis arrastrar a los más despistados y desesperados. Además sois el caldo de cultivo social perfecto para la impunidad de las bandas fascistas. Pero lo más peligroso es que sois la base electoral de la reacción y la corrupción. Tener una cosa clara, esta vez no pasaréis.