jueves, 25 de agosto de 2016

El burkini o la complejidad

El debate del burkini no debería haberse producido tal como lo ha hecho por varias razones: creo que una forma muy extendida de racismo, de desprecio por culturas diferentes, es confundir todo lo que nos parece raro: todo es taparse, todo es lo mismo. Y así, lo mismo es el hiyab (pañuelo o velo) que el burka, todo es "velo". El hiyab no tiene que ver con el burka, sino que es un pañuelo que cubre la cabeza y con el que se puede hacer una vida completamente normal. Que las mujeres adultas tienen derecho a llevar hiyab, está fuera de dudas.

El derecho a llevar la cabeza cubierta y a ocultar las formas corporales, por más sexista que sea, está protegido por la libertad religiosa y por el derecho a la propia imagen. El burkini es un traje muy parecido a los que viste la gente que hace surf. Exactamente ¿qué derecho o que norma se está vulnerando al vestirse toda entera de neopreno al ir a la playa? La respuesta a esta pregunta creo que es importante.

¿Es sexista taparse el cuerpo o la cabeza por pudor religioso? Pues sí lo es, como muchas de nuestras costumbres y también de nuestras vestimentas diferenciadas. Casi todo lo que nosotras tengamos que hacer para ganar valoración o consideración, y ellos no, es sexista. Somos depositarias del pudor y ellos no, somos depositarias de las tradiciones con nuestras vestimentas y ellos no, somos objetos sexuales y ellos no, pero esa es, ahora, otra cuestión.

Podemos y debemos legislar contra la obligatoriedad y a favor de la libertad de elegir de todas las mujeres, y debemos proteger a aquellas que eligen en contra de la voluntad de sus parientes o su (nuestra) cultura. Proteger la libertad incluye proteger la de quienes hacen cosas que no compartimos, que no nos gustan o que, incluso, hacen cosas en contra de lo que creemos que son sus verdaderos intereses; me temo que la democracia es eso.

No puedo en este artículo explicar cuáles creo que deben ser los límites a la libertad, pero los hay. Si bien la libertad religiosa es importante, proteger activamente la igualdad entre hombres y mujeres debe tener como poco el mismo valor. El Estado, así, tiene que moverse entre la complicada defensa de la libertad religiosa y la defensa de la igualdad de género.

Islamofobia

 

Pero, en todo caso, resulta que en Europa sí hay un problema grave de racismo y xenofobia islamófoba. Lo suficientemente grave como para que nos lo tomemos en serio y como para ser beligerantes ante cualquier avance. No hay otra razón para que en Francia se prohíba el burkini que no sea alentar políticamente la xenofobia. El debate europeo sobre la vestimenta de las mujeres musulmanas se ha dado siempre en nombre de la seguridad y nunca de la igualdad, y esos dirigentes que tratan de prohibir el burkini son los mismos que mantienen trato más que amigable con países que segregan y torturan a las mujeres.

Son los que no mueven un dedo por acabar con otras instituciones y prácticas sexistas que padecemos las mujeres europeas, así que está más que claro que el debate del burkini no es más que una excusa para ganar votos o para alentar la xenofobia y el racismo. Eso debería bastar para que fuéramos muy críticas con ese empeño. Tenemos que ser capaces de matizar y no usar la brocha gorda porque en las circunstancias actuales no condenar el racismo siempre que se produce es alentarlo.
No obstante, dejó de tratar sobre el burkini y se volcó hacia lo de siempre, 
muticulturalismo/universalismo; libertad de elección/estructura opresiva y aleteando siempre debajo el oportunismo racista de los de siempre. La manera de luchar contra el fascismo y el racismo no puede ser un relativismo completamente acrítico.

Parece evidente que igual que existe la xenofobia y el fascismo europeo, existe un fascismo islamista que se está extendiendo y que propone, entre otras cosas y de manera muy importante, un patriarcado extremo y brutal. El velo integral estaba desapareciendo en aquellos países en los que había dejado de ser obligatorio y que estaban transitando hacia una mayor secularización cultural e igualdad de género.
 
La manera en que todos los proyectos democráticos árabes han sido abortados desde hace décadas por las potencias occidentales es tema para otro artículo, pero tiene mucho que ver con lo que aquí tratamos. El resultado es el crecimiento de un fundamentalismo religioso de corte fascista que ha generado un aumento del velo integral incluso en mujeres que viven fuera de sus países de origen o que se convierten no ya al Islam, sino directamente al wahabismo. Y eso está ocurriendo para desesperación de muchas mujeres árabes que se dejaron la vida luchando contra el integrismo religioso.

Muy a menudo frivolizamos y no damos la suficiente importancia a las vidas y a las luchas de las mujeres que sufren en los países en los que se está imponiendo, con ayuda de Occidente, el fundamentalismo wahabista. ¿Dónde nos situamos cada una de nosotras en esa lucha?

Parece que a veces pensemos que las mujeres musulmanas o de cultura islámica están más habituadas que nosotras al burka, "allá ellas y sus costumbres". Eso es también una forma brutal de racismo en la que incurrimos a menudo, como, por cierto, nos acusan en muchas ocasiones feministas árabes que llevan toda la vida luchando contra el fundamentalismo religioso. ¿Dónde nos situamos en esa pelea?
El miedo al etnocentrismo no puede impedirnos defender la universalidad de los derechos humanos, uno de los cuales es el derecho de las mujeres a la igualdad. Y nos importa, no solo por solidaridad con ellas, sino por nosotras mismas. No creo que haya un ellas y un nosotras. Primero, muchas de esas mujeres son europeas, nacidas y educadas aquí, somos nosotras mismas; y segundo porque el patriarcado es universal y el destino de todas las mujeres está entrelazado.

Que exista mucho sexismo en nuestra propia cultura no nos imposibilita a las feministas para debatir o criticar el sexismo en otras culturas, no digamos ya formas de sexismo que crecen entre nosotras; como entrelazados están todos los fascismos, por cierto. Me parece sospechoso que el relativismo se aplique siempre mucho menos cuando hablamos de la defensa de la mayoría de los derechos humanos, y mucho más cuando hablamos de costumbres, leyes, instituciones, que afectan a las mujeres.

No suelo escuchar lo del pensamiento colonialista cuando hablamos de igualdad económica, por ejemplo, o de pobreza, de derechos lgtb, cuando nos posicionamos con determinados pueblos minoritarios, cuando hablamos de injusticia ecológica, que cuando hablamos de mujeres. De todos los derechos humanos parece que los de las mujeres son siempre los más relativos. Creo que el miedo al etnocentrismo no puede paralizar la crítica a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres en otras culturas, y esas mujeres a su vez pueden y deben alertarnos sobre el sexismo que nosotras hemos naturalizado y a veces no vemos.

Finalmente, este tema, como la mayoría de los debates feministas contemporáneos, parece pivotar sobre el binomio libre elección/constricción estructural. Simplificando dolorosamente lo que es un tema de enorme complejidad también, diría que es absurdo no reconocer las estructuras sociales, culturales, económicas, todas ellas patriarcales, y las instituciones que oprimen y dirigen una parte importante de nuestros comportamientos, pensamientos e ideología.

Más absurdo aún es cuando esto se hace desde posiciones de izquierdas que llevan toda la vida tratando de visibilizar, precisamente, esas estructuras y ese sistema en el que el poder anida. Si aplicáramos el concepto de libre elección nuda a otras cuestiones sociales, haríamos desaparecer las estructuras y los constreñimientos sistémicos que obligan a las personas a hacer determinadas elecciones que, finalmente, no son tales. Esto que se ve muy claro cuando hablamos de clase o raza, no se ve tan claro cuando hablamos de mujeres cuya supuesta libre elección hace desaparecer cualquier estructura opresiva o sistémica.

Pero, al mismo tiempo, sabiendo esto, es imposible no reconocer hoy día a las mujeres un gran espacio de agencia y libre elección. E infantilizar a las mujeres musulmanas lo hacemos muy a menudo. Las mujeres que se ponen las prendas que debatimos, nos gusten más o menos, son adultas, argumentan, reivindican derechos fundamentales también; son universitarias, trabajan, estudian, discuten con sus maridos, son creyentes y toman sus propias decisiones, como nosotras. No es posible, literalmente no es posible, no escucharlas.

Mucha o poca, mediatizada más o menos, dirigida más o menos, constreñida por el patriarcado y el capitalismo, como las de todos, ese espacio de agencia individual tiene que ser reconocido y cualquier proyecto emancipador tiene que tenerlo en cuenta. Hablamos con ellas, discutimos con ellas, pero no es posible hablar sobre ellas como si ellas no estuvieran. Todas y cada de una de nosotras y nosotros construimos nuestras vidas en el vértice entre lo que queremos hacer, lo que podemos hacer y lo que creemos que queremos hacer.

Tenemos que contar con eso y trabajar a partir de eso. Terminaré diciendo que entiendo que estos debates son muy virulentos porque las mujeres sentimos que estamos debatiendo sobre nuestras propias vidas; no es algo ajeno ni teórico, son nuestras vidas las que están en juego.  Creo que ante cuestiones de esta trascendencia hay que admitir las dudas, los grises y los matices y luchar por no caer en cierto fundamentalismo del debate, que también se da mucho.



lunes, 22 de agosto de 2016

Desentrañar las fisuras del sistema

 Prólogo del libro Es mi hija

Conocí a Francisco Cárdenas en el otoño de 2010, durante la presentación del libro Molly. Historia sobre los centros de menores en Cataluña, que escribí junto al periodista Jesús Martínez. Resultó sorprendente que, al mismo tiempo y sin conocer su historia, ambos hiciéramos las mismas indagaciones para desentrañar las fisuras del sistema de protección de menores.

Él desde su propia tragedia personal; nosotros desde el oficio periodístico. Ambos motivados por la sospecha, luego confirmada, de que la Administración puede cometer errores. Nos impulsaba la necesidad de contar una historia, que era también la de muchas personas. Pero no pudimos conocernos antes de la presentación del libro, y me sentí desgraciado por esto. Cárdenas pudo haber sido una de las 30 fuentes consultadas para el desarrollo de Molly, quizás la más útil e informada, tanto, que ahora su propia historia toma cuerpo en este libro. Cuando muchas personas tratan de ocultar una información es un indicio de que se trata de un tema relevante para la sociedad.

Es lo que ha ocurrido con Molly y con el libro de Cárdenas. Lo han intentado funcionarios, políticos y hasta responsables de algunos medios de comunicación. Afortunadamente, España ya no es una dictadura, pero todavía sufre de resaca autoritaria. Cuando se niega el acceso a documentos públicos, cuando los responsables políticos dan explicaciones ambiguas, cuando se toman decisiones  irreparables en la vida de una familia sin la intervención de un juez, estamos ante vicios que un país democrático debería enmendar. Cárdenas, que no es periodista pero que lo parece, se ha enfrentado a todo esto con el único recurso del amor a su hija. Y con esto ha conseguido que la sociedad se interese por su lucha, desde su intervención en el parlamento catalán, en las concentraciones con decenas de padres como él, hasta las reuniones a puerta cerrada con altos cargos que han concluido con la indiferencia, la condena o una disculpa.

Sin embargo, Cárdenas no sólo se ha encontrado con gente que desea silenciarlo. También ha conocido mucha gente que reclama que se conozca su caso, que han hecho suya su demanda, como son las 500 personas que pertenecen a la asociación que él ayudó a crear. A estas hay que sumar todos los menores que, en ocasiones, tienen una opinión diferente a la de los funcionarios del sistema de protección de menores; los abogados que les representan porque entienden que enfrentarse a la Administración no es fácil pero a veces vale la pena; la familia extensa de estos niños que ha sido ignorada como alternativa para la tutela; los psicólogos y los trabajadores sociales que han visto de cerca las fisuras del sistema que algunos insisten en tapar con inútiles parches; el Defensor del Pueblo y el Síndic de Greuges, que han señalado en sendos informes las graves deficiencias que aún esperan ser corregidas…

Para Cárdenas publicar este libro no ha sido fácil. Primero tuvo que luchar durante tres años en los tribunales para que esta obra tenga sentido, para que el relato madure, de manera que justifique su existencia. A diferencia de otros libros publicados por personas ajenas al oficio de la escritura, esta no es una obra producto de la vanidad ni la arrogancia. Si a Francisco Cárdenas no le hubieran separado de su hija, a lo mejor nunca habría tenido la necesidad de hacerlo. Por eso hay que leerlo como lo que es: un libro necesario para comprender lo que está funcionando mal en el sistema de protección de menores.

Gustavo Franco Cruz, Periodista

jueves, 18 de agosto de 2016

¿Es legal que Cruz Roja venda la sangre que donas?



En España se ha privatizado la sangre. ‘Lo que tú donas, ellos lo venden’, es el grito de lucha. Ojo con la cuestión porque hablamos de no menos de 15 millones de euros en apenas 3 años. Ese es el dinero que la Cruz Roja se ha embolsado por venderle a la Comunidad ed Madrid la sangre que, desinteresadamente, han donado los españoles en la capital. Sí, esas bolsas que se extraen en los puntos móviles y autobuses que Cruz Roja despliega periódicamente en calles, plazas, universidades y centros de trabajo. Pues resulta que desde diciembre de 2013, la organización saca 67 euros por cada bolsa de sangre extraída.
 
Desde Cruz Roja se rechaza tal extremo y niegan que este ‘intercambio’ sea una privatización, sino una “colaboración”. Iñaki Aguirre, director gerente de la Unidad de Extracción de Sangre para la Donación de Cruz Roja, señala la idea original es la de evitar duplicidades entre ellos y la Comunidad de Madrid. De esta manera los unos extraen sangre en las calles (240.000 bolsas desde 2014), los otros en los centros hospitalarios.

De acuerdo, se entiende que entonces Cruz Roja utiliza ese dinero de la “colaboración” para ampliar su red de autobuses y centros de extracción. De hecho en 2014 Carmen Martín, directora de Salud y Emergencias de Cruz Roja Española, ha asegurado que en ningún caso “vamos a ganar dinero”. “Nunca lo hemos hecho ni lo pretendemos, y es que es más, aunque quisiéramos no se puede por ley”.

Error. Estos se los paga la Comunidad de Madrid. Concretamente 24 equipos Hemocue, 240.000 microcubetas, 774.000 etiquetas, 4.400.000 tubos, 774.000 bolsas con filtros para extracción, dos furgonetas y seis unidades móviles. Cerca de ocho millones de euros en material y dotaciones. 

Si esto fuera poco, el convenio sigue vigente a pesar de que Cruz Roja lo incumple sistemáticamente. Según recoge El Confidencial, en estos dos años el incumplimiento es de 31.000 bolsas. Para 2016 el compromiso es de 120.000 bolsas. En los siete primeros meses del año Cruz Roja había obtenido 68.164 bolsas (4,5 millones de euros), 4.500 menos de las previstas. Pero Cruz Roja no ha sido penalizada de ninguna manera. Es más, según figuran varias denuncias en las redes sociales, Cruz Roja instala autobuses en las puertas de los centros hospitalarios para recoger sangre que cobrará cuando, si la donación se hiciera dentro del centro, nadie obtendría dinero por ella.

Así que todo parece ser un subterfugio destinado a financiar a una entidad privada. Y en esas está la Asociación de Empleados del Centro de Transfusión de Madrid (Adecetma), que antes de la firma se encargaba de las campañas externas, quien ha llevado “este convenio de privatización” a los tribunales por ser “un acuerdo arbitrario, innecesario y gravoso para las arcas públicas, y que se incumple todos los meses, ya que las donaciones son siempre inferiores a lo pactado inicialmente”. De prosperar la demanda, que en primera instancia ha sido rechazada, veríamos desfilar ante el Tribunal al máximo responsable del acuerdo y especialista en privatizaciones sanitarias: El exconsejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, quien renunció al cargo después de que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid paralizara el proceso de privatización de algunos hospitales madrileños.


martes, 16 de agosto de 2016

Situación crítica en el Centro de Acogida San Isidro

La sección única del sindicato CGT en el Ayuntamiento de Madrid y sus organismos autónomos denuncia que el Centro municipal de Acogida San Isidro (CASI) para personas sin hogar está en una situación crítica de personal. Hay momentos en los que tres trabajadores atienden a 268 usuarios, en situaciones muy conflictivas.
Según explicó un portavoz de la organización, la situación es el resultado de la política de personal llevada a cabo por el anterior Ejecutivo municipal, a la que el nuevo equipo de Gobierno no ha dado soluciones. Así, a pesar de que en 2014 el Área de Servicios Sociales, entidad de la que depende el centro acordó con las centrales sindicales un incremento de plantilla, la situación se ha vuelto crítica. Durante años, no se han cubierto la tasa de reposición de trabajadores, ni los traslados. Es más, desde diciembre, el Consistorio no ha cubierto ni los traslados, ni las bajas por maternidad o enfermedad, ni las vacantes, ni las renuncias.

En estas circunstancias, explican desde CGT, la situación supone que los equipos de trabajadores han tenido que reducirse a cinco profesionales, servicio mínimo pactado en la mesa laboral sobre este servicio, celebrada en enero de 2015. No obstante, como consecuencia de la falta de cobertura de operarios, según el sindicato no solo no se cubren los efectivos mínimos, sino que se dan turnos en los que tan solo hay tres o cuatro personas.

Esa carencia de personal redunda, según narra dicho portavoz, además de en una incapacidad de realizar todas las tareas necesarias, en un problema de inseguridad para trabajadores y usuarios, pues el CASI es un servicio municipal con "situaciones muy conflictivas, en ocasiones muy violentas, y con usuarios que presentan diferentes patologías, en su mayoría asociadas al consumo de sustancias tóxicas". Entre otros problemas, los operarios y habitantes del centro sufren intentos de agresión, insultos, crisis por consumo, riesgo de adquirir enfermedades infectocontagiosas, y las situaciones de riesgo derivadas de actividades en el comedor, el apoyo en duchas y la realización de protocolos socioasistenciales. Además, tienen que atender a usuarios con movilidad reducida y problemas de salud.

Desde CGT aseguran que la dirección del centro solo ha trasladado las quejas de los trabajadores al jefe de departamento, sin que haya habido ninguna respuesta hasta ahora. Y, además, apostillan que el acuerdo firmado, en el que no participó esta organización al considerarlo insuficiente, está cargado de buenas intenciones pero que no se está cumpliendo. "Pensábamos que con la entrada del Gobierno de Ahora Madrid la cosa iba a cambiar, en vista de su política social, pero no recibimos respuesta alguna del Área". Este portavoz concluye: "¿Qué tiene que pasar en el CASI para que alguien actúe: un apuñalamiento, un suicidio, una muerte por sobredosis, un ahogamiento durante la comida, otra agresión a los profesionales?".

Fuentes del Área de Equidad, Familia y Servicios Sociales explicaron a este periódico digital que hasta fecha de hoy, en el turno de tarde hay cuatro trabajadores cubriendo las necesidades del centro y que se intentará seguir así, por ahora. No obstante, inciden en la necesidad de que la Gerencia de la Ciudad -responsable del personal municipal- agilice la cobertura de vacantes y bajas de larga duración en dicho servicio.

lunes, 15 de agosto de 2016

La Remunicipalización en Madrid, a debate en Cadena Ser

La Plataforma ha estado presente en la cadena SER en "Hoy por hoy Madrid" junto a Daniel Palacino de Línea MADRID/010 y delegado de CC.OO., la periodista Laura Galaup y la directora de programa Elena Jiménez. Han intervenido Carlos Sánchez Mato, concejal de Economía y Hacienda y el jurista Juan Rubiño de Red Jurídica.
Audio desde el minuto 13´30´´ hasta el 39´20´´

Para escuchar, pinchar aquí

domingo, 14 de agosto de 2016

Entrevista a Enrique Martínez Reguera

Dice Enrique Martínez Reguera que la esencia de la pedagogía es la complicidad, "pero hubo un momento en que los educadores se convirtieron en funcionarios y los niños sintieron que se habían quedado sin cómplices". Desde los inicios de su carrera, el pedagogo, filósofo, psicólogo y escritor tomó partido "incondicionalmente" por los menores solos, "los niños a los que no quería nadie". 
De 60 años dedicados a la educación, 45 los pasó con ellos: en el barrio madrileño de La Celsa, el gran arrabal chabolista de Madrid en los 70, convertido después en el mercado de la heroína, también para esos niños que a menudo enterró.

Luego se posicionó contra la criminalización de todos esos menores que él acogía en su casa, cuando la asistencia social, dice, "dejó de ser un servicio para convertirse en un agente de control". Según el experto, muchas ONG pasaron a ser fundaciones, que finalmente mutaron a empresas, y hoy, asegura, estamos en la fase de la "pobreza rentable": "Nuestros niños pobres son una de las fuentes de ingresos más importantes del país". 

eldiario.es entrevista al pedagogo durante su visita a Melilla, con motivo de la presentación del el último informe de la ONG Harraga. Durante su estancia en la ciudad autónoma, Martínez Reguera se declara abrumado por lo que ha visto y oído de los niños de la calle de la ciudad: "Se ha desregulado la vida de estos pequeños ciudadanos hasta convertirlos en alimañas. Para que lleguemos a una situación así con niños de 11 años, ¿qué relación hemos creado?", se pregunta. "La solución tiene que ser coherente con la naturaleza del problema. La pedagogía bajo un sistema de miedo es imposible", concluye.

Usted ha dicho que estaba abrumado, sorprendido. ¿Qué percibió en Melilla?

Pues lo mismo que he percibido en los últimos 40 años, pero a mogollón. Llego aquí y me doy cuenta de que las leyes no existen, ni los tratados internacionales ni las cosas más cotidianas como un empadronamiento. Yo siempre pensé que el Estado está para regularizar la vida, y veo que aquí está para irregularizarla, para que los de Melilla sean racistas y los de fuera alimañas. ¿Cómo consiente el Estado español que Melilla sea un foco de anormalidad tan espectacular?

Me gustaría saber su opinión sobre el trato a los niños de la calle en Melilla, un tema recurrente en la ciudad. ¿Cree que se privilegia su condición de inmigrante sobre la de niño?

La idea de la pedagogía es educar niños, no cabe hablar de educar migrantes. Educas niños, sean de Marruecos, blancos, negros… Yo no imagino a niños de 12 años de clase media de Madrid aquí, y a la Guardia Civil corriendo detrás de ellos a palos. Hemos interiorizado el racismo y todas las categorías se desploman.

Participó recientemente en la presentación de un informe titulado "De niños en peligro a niños peligrosos". ¿Cómo llega la población a tener miedo de los niños?

Se diseña, se construye. Somos víctimas permanentes de un lavado de cerebro. Yo he visto cómo en los años 80 el primer PSOE consiguió mudar la vida de las ciudades a base de eslóganes. En La calle es de todos recogí ejemplos de la prensa. Y empecé a escuchar a los maestros decir que tenían niños peligrosísimos. Los medios de comunicación tienen tal capacidad de penetración que, sin darnos cuenta, estamos sometidos a un lavado de cerebro.

El gobierno de la ciudad también dice estar muy preocupado por esta criminalización. ¿Qué opina?

Yo es que lo que me digan las autoridades no me lo creo, porque nunca en 40 años fue verdad. Le digo más: se las creen ellos pero no son creíbles. Necesitan fabricarse un discurso que les permita mantener su buena imagen ante sí mismos. Lo cual es legítimo, pero si estás en contacto con la realidad es un discurso completamente falso. Creo que viven en una burbuja que ellos se creen y es probable que crean estar haciendo el bien. Nunca fue tan evidente la disociación entre la autoridad y lo que vive la población.

Me gustaría que comentara algunas de las explicaciones que da parte de la sociedad y las autoridades a la presencia habitual de niños en la calle: se repite mucho que están porque quieren.

Cuando la gente dice esto tiene toda la razón, pero la noción del niño es completamente distinta de la del que está en el bar. El que está en el bar no conoce el dato de primera mano, y fantasea según el discurso oficial: "En la calle están muy mal, les persiguen; en el centro están bien, les cuidan y hay una ley de protección. Y sin embargo elige la calle: está porque quiere y es culpable de elegir mal".
El discurso del niño es: "En la calle pasan cosas terriblemente malas: paso hambre, frío, me persiguen y me golpean; y corro, y río, y salto y lloro… En el centro paso menos frío, me golpean de otra manera, pero no vivo yo, sino que están viviendo mi vida. Me tienen asfixiado, me agobian". La gente fantasea que estos centros son una maravilla, pero son monstruos que han inventado un sistema de tortura desapercibida, que te asfixia con las mejores formas y apariencias.

Buena parte del discurso oficial se apoya en el argumento de que que son niños que ya vienen de familias desestructuradas y que se resisten a aceptar las normas.

Es una fantasía que no tiene nada que ver con la realidad. Yo he llegado a la conclusión de que la noción de familias desestructuradas es perversa, racismo puro. Hay familias muy desestructuradas en un aspecto y maravillosas en otros. Ahora tienden a identificar persona y conducta, y eso pasa con la familia desestructurada.
No es que no acepten las normas: no aceptan normas irracionales. La norma tiene que tener en cuenta la realidad. Si quieres ponerle una norma tienes que saber con qué niño estás tratando, qué ha vivido, qué ha experimentado… Adaptas la norma y el niño ve la norma como solución. Pero si le pones una norma ajena a las vivencias del niño, a su memoria y su experiencia, una norma arbitraria y la impones con gestos autoritarios, el niño se defiende porque sabe que no es para su ayuda sino para controlarlo o manejarlo. Ocurre siempre.

¿Cree que la educación se dirige hacia un modelo basado en el miedo?

Estamos profundamente en ese modelo. Hubo tres leyes, la Ley de Protección Jurídica del menor, la Ley Penal de menores y la que ha tenido más trascendencia, el Decreto de Derechos y Deberes de los Alumnos. Este último documento revela que el Estado ha cambiado de noción de la Educación. 
La Educación tiene por su propia naturaleza ciertas características imprescindibles: el adulto trata de sacar lo mejor de sí mismo, su cultura, sus costumbres, su ética, y meterlo en el niño. Luego el niño lo filtrará y lo encarnará a su manera. Es, por esencia, una labor interiorista que requiere que el niño esté abierto, que los intereses del adulto y el niño coincidan y que el adulto intente hacer ver al niño qué le conviene. El derecho es lo contrario, pura formalidad exterior, y un juez con un delincuente no pueden tener complicidad.

¿Cuál ha sido esa evolución a la que hace referencia?

Hace unos años los niños eran niños; de repente dejan de serlo y son menores. Eso es una consideración estrictamente jurídica, una falsificación de la realidad. En los 90 pasan a ser usuarios, y de repente pasan a ser plazas disponibles, que ni sienten ni padecen. Un niño tiene vivencias, recuerdos… pero eso queda fuera. Ha habido un proceso de cosificación de cierta infancia, perfectamente tecnificado.

¿Cree que faltan recursos para la educación de los niños?

En un sentido relativo, jamás faltan recursos. Con poco se puede hacer mucho cuando se cuenta con la población y con la vocación. Si se crease otro clima con estos niños, cuántas familias no habría que les dijeran "vente a comer por aquí". Con pocos recursos materiales se puede hacer mucho si se cuenta con recursos humanos.
Hay una segunda idea: lo peor no es que haya pocos recursos sino en lo que los emplean. Si se utilizan en crear buena imagen o pagarse sus intereses y comodidades, ¿en qué se emplean?
Y, por último, les doy la razón en un tercer aspecto: siempre la educación ha sido uno de los ámbitos peor cultivados. Aparentemente el Estado da dinero para los niños necesitados, pero en realidad no, porque lo da para las estructuras que ha creado para su control. No se destina a los niños, sino para las ONGs, las empresas, los profesionales, de modo que al niño no le llega nada.

¿Se pueden encontrar grietas para humanizar el sistema?

Sí, nadie está fuera del sistema, vivimos en el mismo mundo. La idea de dentro y fuera es un cuento chino. Yo invito a estar de dos maneras: por una parte inventando su vida como ser sociable y, por otra, siendo consciente de que estás dentro del sistema.
Tenemos que estar dentro de la realidad, afirmándonos, creando nuestra vida como nosotros la queremos, pero dentro del sistema, a veces pasando desapercibido. Yo creo más en la infiltración que en la denuncia, porque la denuncia tiene réplica y la infiltración pone difícil la réplica.

¿Qué se puede hacer para empezar a solucionar el problema de los niños de la calle?

Mi respuesta es muy humilde: todos los bosques nacen de semillas mínimas. Es algo que tenemos que reconstruir en nuestro interior. Hay que recuperar nuestras cualidades de persona: el sentido de pertenencia, la autonomía, etc. 
Si cultivamos nuestro sentir en común, el sentido de la realidad, nos brota otra actitud. ¿Por qué vengo a dar una charla? Porque sé que voy a estimular a unas cuantas personas, que luego pueden estimular a otras.
Tenemos que reconstruir el tejido social, porque hemos caído en manos de un mundo financiero y político tan desbordante que no existimos y tenemos que empezar por afirmar que existimos. Yo soy este, y quiero vivir esto y lo quiero vivir contigo, y el resto del mundo que vaya por donde quiera.

sábado, 13 de agosto de 2016

La Otra Memoria Histórica. 40 años del Sindicato de Obreros del Campo. El sueño de la tierra


El SAT representa la segunda juventud del SOC, a sus 40 años de vida
Artículo de Francisco Ruíz, secretario nacional de campañas del SAT

El 1 de agosto de 1976 se celebró la asamblea fundacional del SOC. Se formalizaba así el “sindicato de los jornaleros” que se había fraguado años antes mediante las Comisiones de Jornaleros en distintos pueblos de la geografía andaluza. Fue el primer sindicato en legalizarse en Andalucía, y su actividad desde la transición ha sido siempre determinante en los movimientos políticos y sociales de la izquierda andaluza.

Su nacimiento fue impulsado por el Partido de los Trabajadores de Andalucía (PTA) aunque en su seno encontramos cuatro patas ideológicas: El comunismo, especialmente el maoísmo entendido desde una visión andaluza; El socialismo cristiano, fundamentado en la teología de la liberación (con fuerte vinculación a América Latina); el anarquismo vinculado al medio rural; y el soberanismo andaluz, que engloba numerosas vertientes: nacionalismo cultural de izquierda, movimiento de liberación nacional frente al colonialismo, independentismo andaluz, federalismo…

Estas cuatro patas ideológicas muchas veces se encuentran vinculadas entre sí, es decir: El nacionalismo andaluz se entiende, desde el SOC, que solamente puede ser de izquierdas: Ya que va vinculado a la tierra y el enemigo en común, el terrateniente, actúa en clave españolista. Por tanto, el socialismo andaluz, concretamente el maoísmo andaluz que representaba el PTA y que sigue presente en las luchas de la CUT, del SAT y de otros movimientos del medio rural andaluz, siempre tienen una vinculación con el soberanismo andaluz. De igual manera, la forma de entender la religiosidad en los campos de Andalucía, al igual que pasa en América Latina, tienen una vinculación fuerte con las dos anteriores visiones, y no en vano “curas obreros” (o mejor, “curas jornaleros”) fueron impulsores y dirigentes del Sindicato. Por último, la tradición anarquista de los movimientos sociales del medio rural andaluz sigue muy vigente en la forma de vida de la población jornalera, que entiende el poder como la forma de opresión que cada día le explota en el campo por un salario de miseria o le deja parado en la miseria sin trabajo.
 
Cada persona dentro del SAT experimenta estas cuatro patas ideológicas en mayor o menor medida; Con mayor o menor grado de conciencia sobre ello. Hoy en día, la mayoría de la militancia del SAT tiene vinculaciones políticas. La CUT sigue siendo determinante, aunque la pluralidad del sindicato es tal que va desde Asamblea de Andalucía, a IU o Podemos, pasando por el independentismo andaluz minoritario y una notable presencia del anarquismo. Además, entre la juventud destaca un nutrido grupo de activistas de la organización Jaleo!!! que, desde 2010, van cogiendo fuerza internamente, al estar siempre en primera línea de acción. Lo que es indudable es que la influencia política del SAT en Andalucía sobrepasa a la influencia que tuvo el SOC en su día, que no fue poca. Si bien en los años 90 el SOC y sobre todo la CUT tuvieron alguna influencia y cargos políticos dirigentes en la Izquierda Unida de Luis Carlos Rejón, y llegó a tener de parlamentario a Sánchez Gordillo en varias legislaturas y posteriormente a Álvaro García, hoy en día hay más cargos públicos del SAT, no sólo en ayuntamientos y diputaciones, sino dos parlamentarias andaluzas (Mari García y Libertad Benítez) y un diputado en cortes, Diego Cañamero. Resaltamos a estas tres personas, si bien hay más personas afiliadas al SAT con cargo público pero no son o han sido represntantes públicos del mismo. Aunque, como hemos dicho antes, el SAT es un sindicato plural y estas personas no representan sino a los partidos políticos a los que pertenecen.

Las luchas del SOC han forjado algo que cuarenta años de franquismo casi borran de la memoria: El orgullo de los y las jornaleras; La clase obrera del medio rural. Cada lucha, cada reivindicación, cada ocupación de fincas, cada corte de carreteras, cada huelga en el tajo, cada expropiación… cada acción directa, siempre entendida como no-violencia activa (es decir, sin causar daños personales) y acompañada de sus reivindicaciones históricas, ha sido clave para la resistencia heróica que el medio rural andaluz ha tenido para no desaparecer del mapa, como ha pasado en otros territorios y naciones en el estado español. Si entendemos que el PER no es la solución a un mundo rural cada vez más injusto, sí debemos comprender que si no hubiera existido esa subvención el medio rural andaluz no sería hoy el que es, y la emigración habría desertificado nuestros pequeños pueblos y agro-ciudades. De la misma forma no se entendería de igual forma la lucha por la tierra: ¿Qué sería del medio rural andaluz sin una reivindicación como la de “Andalucía entera como Marinaleda”?

Históricamente, el SOC ha buscado la unión del conjunto del pueblo trabajador andaluz. Aunque en sus inicios el SOC estuvo vinculado al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT – 1979) y a la CSUT, con la desaparición del Partido de los Traajadores (PTA) quedó aislado en el medio rural. Fue ya a finales del siglo XX, cuando se dan pasos hacia lo que posteriormente daría lugar al SAT. A mediados de los ’90 se constituye la Mesa por la Intersindical Andaluza, que comprendía entre otros al SOC, a USTEA, al Sindicato Unitario (con presencia en Huelva) y al SUAT (con presencia sobre todo en la provincia de Málaga).

Ya en 1995 Gabi Lima exponía algunas dudas sobre la consolidación del “Proyecto de Sindicato Andaluz”. Este dirigente del SUAT y miembro de Nación Andaluza fue asesinado en extrañas circunstancias que nunca fueron investigadas, en su Marbella natal y siendo uno de los más aférrimos luchadores contra la mafia y la corrupción en la Costa del Sol, llegando a tener fuerte presencia en el Comité de Empresa del Ayuntamiento de Marbella en la época de GIL. En un artículo de ese año, Gabi Lima ya dejaba entrever que CGT y SU no acabarían cuajando en un proyecto sindicalista de unidad, y mostraba sus dudas sobre USTEA. No se equivocó mucho: CGT ni siquiera llegó a entrar en la Mesa por la Intersindical Andaluza, y el SU y USTEA no llegaron a integrarse en el SAT en 2007, si bien USTEA tuvo un fuerte debate al respecto y hoy en día tiene nexos de unión con el SAT. El SUAT se disolvió tras la muerte de Gabi Lima en 2002, aunque la mayoría de sus integrantes acabaron entrando en el SAT.

Ya en la época de la Mesa por la Intersindical Andaluza, el SOC pasó a denominarse Sindicato de Obreros del Campo y del Medio Rural de Andalucía (SOC-MRA). Y aunque la Intersindical no cuajó, en el SOC ya se tenía en cuenta que el futuro del sindicalismo andaluz pasaría por la unificación de luchas de los trabajadores, más allá del campo. Así, en su congreso de 2005 en Mollina se aprobaron las bases para caminar hacia un Sindicato Andaluz de Trabajadores que culminaría en la Asamblea Constituyente de 2007, donde el SOC y otros sindicatos unieron voluntades para conformar el S.A.T.

Desde 2007 la acción directa y el paulatino aumento de la presencia del Sindicato en las ciudades han ido evolucionando de manera singular, y sin dejar de crecer en ningún momento. El SAT tenía una ventaja añadida, y es que desde la crisis que comenzó en este mismo 2007 el proceso de “jornalerización” de la clase obrera urbana fue creciendo hasta la precariedad que vivimos hoy en día, donde el 90% de los contratos son temporales y un gran porcentaje de contratos son a tiempo parcial o de una duración inferior a un mes (incluso inferior a una semana). Pasamos así, sobre todo la juventud, a ir “de tajo en tajo” con la indefensión que aquello conlleva; Más aún si tenemos en cuenta las dos reformas laborales que aprobaron PSOE primero y PP después. Así, mientras el sindicalismo tradicional, relacionado con CCOO y UGT, iba perdiendo influencia por sus formas de trabajo, sus nulas reivindicaciones y por la corrupción interna, el SAT iba consolidándose como un sindicato de jornaleros, del campo y de la ciudad. Pero además de eso, y sobre todo a partir del I Congreso del SAT en diciembre de 2011, el crecimiento de representación sindical en las empresas por parte del SAT fue en aumento constante. Sevilla y Granada fueron las pioneras, hasta el punto de tener más de 100 delegados sindicales en la ciudad de Sevilla y área metropolitana en poco tiempo. El SAT repunta en sectores como la hostelería (¿Qué mejor ejemplo de jornalerismo urbano?), en el sector público y otros, cada vez con más fuerza. Y esto sin dejar de tener actividad en el medio rural, que con la ocupación de fincas y las reivindicaciones de jornales dignos, del fin del requisito de peonadas, del acceso a la tierra, etc. sigue siendo el sector más activo del Sindicato.

Hoy, cuarenta años después de la constitución del SOC, el SAT ha sabido trasladar a las ciudades su forma de funcionamiento en el campo. Pero además ha sabido evolucionar para adaptarse a los nuevos tiempos y sigue moldeándose con la práctica para seguir creciendo tanto en el medio rural como en el medio urbano. El SOC, con su experiencia y su lucha diaria, sigue más vivo que nunca dentro del SAT. Ha tenido varias crisis de crecimiento y ha salido reforzado de ellas. Hoy en día la dirección del sindicato mezcla juventud y veteranía: Ímpetu y experiencia. El ejemplo más claro está en el nuevo portavoz nacional, Óscar Reina, y el portavoz saliente, Diego Cañamero. Pero no sólo estas dos personas, sino que un nutrido número de personas menores de treinta años nutren los cuadros medios del Sindicato, y algunos han llegado al Comité Nacional y buena parte de ellos han sido designados para la Comisión Permanente Nacional. Además, el área de Juventud coge fuerza, y aprende de la veteranía que también sigue en la dirección. Este Sindicato ha demostrado que la experiencia de cuarenta años y el empuje de la juventud no sólo son compatibles, sino que son una necesaria conjugación para llegar a ser lo que aún aspira: El Sindicato de los y las Trabajadoras de toda Andalucía.

Cuarenta años después, el SOC sigue más vivo que nunca dentro del SAT. Y eso al poder le duele.